ENEE: la reforma eléctrica que Honduras ya no puede seguir postergando

ENEE: la reforma eléctrica que Honduras ya no puede seguir postergando

La crisis eléctrica vuelve a colocar a la ENEE bajo presión, mientras el Congreso pide informes técnicos para determinar las causas reales de los apagones, el déficit y las fallas del sistema energético nacional.

La Empresa Nacional de Energía Eléctrica vuelve a estar en el centro de una discusión que Honduras ha postergado durante años: cómo rescatar el sistema eléctrico sin convertir cada crisis en una batalla política de corto plazo.

El Congreso Nacional instruyó a la Comisión de Energía a reunirse con la Secretaría de Energía, la ENEE y la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica para elaborar un informe técnico sobre las causas de la crisis que afecta el suministro eléctrico en distintas zonas del país. La instrucción legislativa surge tras denuncias por apagones, fluctuaciones de voltaje y pérdidas económicas en hogares y comercios, especialmente en departamentos del sur como Choluteca y Valle.

El problema, sin embargo, no se limita a los cortes de energía. La ENEE arrastra una discusión estructural sobre pérdidas técnicas y no técnicas, deuda, generación, transmisión, distribución, tarifas y capacidad institucional. Cada apagón visible para la ciudadanía es apenas la cara más evidente de una cadena de decisiones acumuladas durante años.

Una crisis que ya golpea la vida diaria

Para miles de familias hondureñas, la crisis energética no es una discusión técnica. Es el refrigerador que se daña, el negocio que deja de vender, la computadora que se quema por una variación de voltaje o la jornada laboral que se interrumpe sin previo aviso.

El Congreso señaló que la comisión encargada del dictamen deberá establecer si las fallas responden a falta de generación, problemas en líneas de transmisión o desatención interna dentro del sistema eléctrico. También se pidió que el análisis esté alejado de excusas partidarias y se concentre en respuestas técnicas.

Ese punto es clave. Honduras no necesita una nueva guerra de discursos alrededor de la ENEE. Necesita saber con precisión dónde está fallando el sistema, cuánto cuesta corregirlo, quién debe responder y qué decisiones deben tomarse para evitar que la crisis se repita cada año.

Reformar no es solo dividir

En los últimos años se ha hablado de separar funciones dentro de la ENEE, ordenar las empresas de generación, transmisión y distribución, revisar contratos y mejorar la regulación. Pero ninguna reforma tendrá sentido si se limita a cambiar nombres, organigramas o dependencias administrativas.

El fondo del problema es más profundo: Honduras necesita un sistema eléctrico financieramente sostenible, técnicamente confiable y protegido de la improvisación política. Una reforma real debe responder preguntas incómodas: cuánto se pierde en la red, qué inversiones son urgentes, qué contratos deben revisarse, cómo se protege al usuario y cómo se garantiza que la ENEE no siga funcionando como caja de crisis permanente.

La ciudadanía, además, necesita claridad. No basta con anunciar comisiones o investigaciones. El país requiere plazos, responsables y metas verificables.

El costo económico de no actuar

La electricidad no es un servicio más. Es una condición básica para producir, estudiar, invertir, refrigerar alimentos, operar hospitales, sostener comercios y atraer empresas. Cuando el sistema eléctrico falla, la economía entera pierde competitividad.

Un país con apagones recurrentes envía una señal negativa a la inversión. Ninguna empresa seria puede planificar expansión, producción o empleo si no tiene certeza sobre el suministro eléctrico. Y ningún hogar debería vivir con el temor de que una fluctuación de voltaje destruya los aparatos que compró con años de esfuerzo.

Por eso, la discusión sobre la ENEE no puede reducirse a un pleito entre gobierno, oposición, empresa privada y reguladores. Es un problema de país.

El Congreso tiene una oportunidad

La instrucción del Congreso a sus comisiones puede convertirse en un trámite más o en el inicio de una discusión seria. La diferencia estará en la calidad del informe, la transparencia de los hallazgos y la voluntad de convertir el diagnóstico en decisiones.

Honduras necesita una ruta clara: identificar fallas, ordenar responsabilidades, priorizar inversión, reducir pérdidas y proteger a los usuarios. El rescate de la ENEE no será creíble si no se acompaña de transparencia y resultados medibles.

El país ya ha escuchado demasiadas promesas sobre el sistema eléctrico. Lo que falta no es otro discurso, sino una reforma que funcione.

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