La factura de energía eléctrica volverá a pesar más en los hogares y negocios hondureños. A partir de julio, la tarifa promedio de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) sube de 5.3187 a 5.9825 lempiras por kilovatio hora, lo que representa un incremento de 12.48% para el tercer trimestre de 2026, según el ajuste aprobado por la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE).
El nuevo pliego tarifario estará vigente durante julio, agosto y septiembre, y se aplicará a los usuarios de la ENEE en un momento especialmente sensible para la economía familiar, marcada por el encarecimiento de alimentos, transporte, servicios y costos de operación para pequeños negocios. De acuerdo con reportes nacionales, el ajuste impactará a más de 2.1 millones de abonados de la estatal eléctrica.
¿Por qué sube la tarifa eléctrica?
La CREE explicó que el ajuste responde principalmente al aumento de los costos reales de generación eléctrica. Para el tercer trimestre de 2026, el costo de generación ajustado fue calculado en 152.15 dólares por megavatio hora, superior al aplicado en el trimestre anterior, que fue de 132.22 dólares por megavatio hora.
Entre los factores que presionaron la tarifa están la mayor demanda de energía, el uso de generación térmica más cara, el comportamiento de los combustibles y el tipo de cambio. Para este ajuste, la CREE utilizó un tipo de cambio de 26.8553 lempiras por dólar, con una variación de 0.65% frente al ajuste anterior.
En términos prácticos, esto significa que el costo de producir y comprar energía para abastecer el consumo nacional terminó siendo más alto que lo previsto. Esa diferencia, bajo el esquema tarifario vigente, se traslada parcialmente al recibo que pagan los usuarios.
El impacto en los hogares hondureños
Para las familias, el aumento llega como un ajuste silencioso pero constante. Aunque la energía eléctrica no siempre aparece en el debate público con la misma fuerza que los combustibles o la canasta básica, su efecto se siente todos los meses en el presupuesto del hogar.
Un mayor recibo de luz reduce la capacidad de consumo de las familias, especialmente en sectores urbanos y periurbanos donde el uso de refrigeradoras, abanicos, estufas eléctricas, pequeños electrodomésticos y equipos de trabajo depende directamente del suministro eléctrico.
El impacto también puede ser mayor en los hogares que superan los primeros 50 kilovatios hora mensuales. Según la estructura publicada por la CREE, para el servicio residencial el cargo fijo mensual será de 59.52 lempiras, mientras que el precio de energía para consumos de 0 a 50 kWh será de 4.9706 lempiras por kWh; para consumos superiores, los siguientes kilovatios hora se cobrarán a 6.4680 lempiras por kWh.
Mipymes, comercio y empleo también sentirán el ajuste
El aumento no golpea únicamente a los hogares. También presiona a pulperías, panaderías, talleres, restaurantes, carnicerías, salones de belleza, pequeños comercios y negocios de producción que dependen de energía constante para operar.
Representantes de micro y pequeñas empresas han advertido que cada incremento en la tarifa eléctrica eleva los costos operativos y reduce márgenes ya estrechos. La preocupación del sector es que estos aumentos terminen trasladándose, tarde o temprano, al precio de bienes y servicios, incluyendo productos de consumo diario.
En una economía donde buena parte del empleo depende de mipymes y emprendimientos familiares, el costo de la energía se convierte en un factor directo de competitividad. Cuando sube la electricidad, producir cuesta más, conservar alimentos cuesta más, operar maquinaria cuesta más y sostener horarios extendidos cuesta más.
Una discusión más profunda que el recibo mensual
El nuevo aumento vuelve a colocar sobre la mesa un debate estructural: Honduras necesita energía suficiente, estable y a precios competitivos, pero el sistema eléctrico continúa arrastrando problemas de costos, pérdidas, dependencia de generación cara y presión financiera sobre la ENEE.
El ajuste tarifario puede explicarse técnicamente por el comportamiento de los costos de generación, pero políticamente deja una pregunta inevitable: ¿cuánto margen tiene el país para seguir trasladando las ineficiencias y volatilidades del sistema al consumidor final?
La respuesta no pasa únicamente por congelar tarifas ni por aprobar aumentos cada trimestre. Honduras necesita una política energética que combine inversión, reducción de pérdidas, transparencia en contratos, diversificación de fuentes, modernización de redes y reglas claras para que el costo de la electricidad no siga convirtiéndose en un freno para las familias y la economía productiva.
Un golpe económico con efecto nacional
La electricidad no es un gasto aislado. Es un componente central de la vida diaria, de la producción y de la competitividad del país. Por eso, el incremento de 12.48% no debe leerse solo como un ajuste técnico de la CREE, sino como una señal de alerta sobre el costo de vivir, invertir y producir en Honduras.
Mientras el país busca atraer inversión, fortalecer su industria y generar empleo, una tarifa eléctrica al alza reduce margen a las empresas y golpea directamente el bolsillo de los consumidores. El desafío para las autoridades será evitar que cada trimestre se convierta en una nueva presión sobre los mismos sectores: hogares, trabajadores y pequeños negocios.
