Economía hondureña crece, pero el bolsillo aún no lo siente

La economía hondureña mantiene señales positivas en 2026, pero ese crecimiento todavía no se traduce con claridad en alivio para muchas familias. El Banco Central de Honduras reportó que el Índice Mensual de Actividad Económica, IMAE, creció 3.5% entre enero y abril de 2026, impulsado por las exportaciones agroindustriales, las remesas y el consumo interno.

El dato confirma que el aparato productivo sigue avanzando, especialmente en sectores como intermediación financiera, comercio, telecomunicaciones, transporte, agricultura e industria manufacturera. Según el reporte divulgado por el BCH, productos como café, banano, piña, melón y sandía han contribuido al dinamismo exportador del país.

Sin embargo, el crecimiento económico no siempre se siente de inmediato en los hogares. Para buena parte de la población, el verdadero termómetro de la economía no está en los informes macroeconómicos, sino en el precio de la comida, el transporte, la energía, el alquiler y los servicios básicos.

Ese contraste se explica, en parte, por la inflación. En mayo de 2026, la inflación interanual en Honduras alcanzó 6.09%, mientras la variación mensual del Índice de Precios al Consumidor fue de 0.82%, de acuerdo con datos del BCH publicados por la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano. Entre los rubros que más presionaron los precios estuvieron transporte, alimentos y bebidas no alcohólicas, restaurantes, alojamiento y vivienda.

La economía, por tanto, puede estar creciendo, pero si los precios suben más rápido que los ingresos de las familias, la percepción ciudadana será distinta. En términos sencillos: hay más actividad económica, pero no necesariamente más capacidad de compra.

Otro factor clave son las remesas. Entre enero y abril de 2026, Honduras recibió 4,134.2 millones de dólares en remesas familiares, un aumento interanual de 14.3%, según cifras atribuidas al BCH. Este flujo de dinero sigue siendo uno de los principales motores del consumo interno y un alivio directo para miles de hogares.

Pero esa fortaleza también revela una vulnerabilidad estructural. Si buena parte del consumo depende del dinero enviado por hondureños en el exterior, el país sigue enfrentando el desafío de generar más empleo formal, mejores salarios y oportunidades productivas dentro del territorio nacional.

El reto para Honduras no es únicamente crecer, sino lograr que ese crecimiento llegue al bolsillo de la población. Para eso, el dinamismo de sectores como banca, comercio, agroindustria y telecomunicaciones debe traducirse en inversión, empleo estable, reducción de costos y mayor productividad.

Mientras eso no ocurra, la economía podrá mostrar números positivos en los indicadores oficiales, pero muchas familias seguirán sintiendo que el dinero alcanza menos.

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