Honduras enfrenta una señal de advertencia en salud pública: la cobertura de vacunación sigue por debajo de los niveles necesarios para proteger a la población frente a enfermedades prevenibles como sarampión, polio, tosferina y difteria. Aunque el país mantiene activa la Jornada Nacional de Vacunación y Desparasitación, las autoridades sanitarias todavía no alcanzan la meta esperada.
La Secretaría de Salud intensificó la vacunación casa por casa en barrios y colonias de la capital, con brigadas que recorren viviendas para completar esquemas de inmunización y desparasitación. La medida busca acercar las vacunas a familias que, por falta de tiempo, información, acceso o confianza, no han acudido a los centros de salud.
El dato más preocupante es que, según reportes del Programa Ampliado de Inmunización citados por Prensa Latina, la cobertura de la campaña rondaba el 75%, cuando el objetivo era inmunizar a unos 2.5 millones de hondureños. Eso significa que alrededor de 1.8 millones de personas habían recibido la dosis, pero todavía quedaba una brecha importante por cerrar.
La situación es más delicada en la niñez. Uno de los grupos con menor cobertura son los menores de cinco años, con un avance cercano al 70%, de acuerdo con los mismos datos atribuidos al PAI. En salud pública, esa diferencia no es menor: cuando muchos niños quedan sin esquema completo, aumenta el riesgo de que enfermedades ya controladas vuelvan a circular.
El problema no es exclusivo de Honduras. La Organización Panamericana de la Salud advirtió recientemente sobre el aumento de casos de difteria en las Américas y pidió a los países reforzar la vacunación, especialmente porque las coberturas se mantienen por debajo de los niveles óptimos. La OPS recomienda alcanzar coberturas cercanas o superiores al 95% en vacunas clave para reducir el riesgo de brotes.
Honduras cuenta con un esquema nacional amplio. La Secretaría de Salud ha informado que el país dispone de 24 vacunas que protegen contra 27 enfermedades, disponibles de forma gratuita en más de 1,800 establecimientos de salud y centros del Instituto Hondureño de Seguridad Social.
El reto, por tanto, no parece ser únicamente la existencia de vacunas, sino lograr que lleguen efectivamente a la población. La vacunación casa por casa responde precisamente a esa realidad: hay vacunas disponibles, pero miles de personas siguen sin completar sus esquemas.
Desde una perspectiva hondureña, esta alerta debe verse como un problema de país. Una baja cobertura de vacunación no solo afecta a la persona que no se vacuna; también debilita la protección colectiva de comunidades enteras, especialmente de bebés, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con condiciones de salud que las hacen más vulnerables.
La campaña nacional también ha incluido brigadas móviles, puntos de vacunación y acciones comunitarias. El Gobierno había anunciado una meta de 2.5 millones de personas para la jornada, con participación de más de 6,000 brigadas y presencia en barrios, colonias y aldeas del país.
El desafío ahora es cerrar la brecha antes de que se convierta en emergencia. Honduras ya enfrenta suficientes presiones en su sistema sanitario como para permitir el regreso de enfermedades prevenibles. Cada niño sin vacuna, cada esquema incompleto y cada comunidad con baja cobertura representa un punto débil para la salud pública.
La respuesta tampoco puede limitarse a una campaña temporal. El país necesita recuperar confianza en la vacunación, combatir la desinformación, mejorar el registro de esquemas incompletos y garantizar que las brigadas lleguen a zonas urbanas, rurales y comunidades con menor acceso.
La vacunación es una de las políticas públicas más efectivas y de menor costo frente a enfermedades que pueden evitarse. Pero su éxito depende de algo básico: que la población participe y que el Estado logre llegar a quienes han quedado fuera.
Honduras no está solo ante una jornada sanitaria. Está ante una prueba de prevención. Si logra elevar la cobertura, evitará brotes y protegerá a los grupos más vulnerables. Si no lo hace, enfermedades que parecían lejanas podrían volver a convertirse en una amenaza real para las familias hondureñas.
