El próximo 24 de julio concluye la vigencia del arancel temporal del 10% aplicado por Estados Unidos. El sector exportador hondureño permanece atento a una posible extensión, modificación o sustitución de la medida.
Tegucigalpa, Honduras.— Honduras entra en una semana decisiva para su relación comercial con Estados Unidos, ante el vencimiento, el próximo viernes 24 de julio, del arancel temporal del 10% aplicado a una amplia cantidad de productos importados por la principal economía del mundo.
La medida fue adoptada por la administración del presidente Donald Trump bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de Estados Unidos y comenzó a aplicarse el 24 de febrero por un periodo máximo de 150 días.
Al finalizar ese plazo, el Gobierno estadounidense deberá decidir si elimina el gravamen, modifica su alcance o impulsa un nuevo mecanismo arancelario. Una extensión de la medida bajo la misma base legal requeriría la intervención del Congreso de Estados Unidos.
Para Honduras, la definición es especialmente importante debido a la elevada dependencia de su sector exportador del mercado estadounidense.
Principal mercado para los productos hondureños
Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial de Honduras y el destino más importante para productos agrícolas, manufacturas, textiles y bienes elaborados bajo el régimen de maquila.
Durante 2025, Honduras exportó alrededor de 5,759 millones de dólares hacia el mercado estadounidense. De esa cantidad, aproximadamente 3,512 millones correspondieron a bienes para transformación, principalmente productos vinculados con la industria maquiladora.
Los restantes 2,247 millones de dólares estuvieron relacionados con mercancías generales, entre ellas café, banano, puros, aceite de palma, productos alimenticios y otros bienes agrícolas y agroindustriales.
La concentración de las exportaciones en un solo mercado convierte cualquier cambio arancelario estadounidense en un riesgo directo para las empresas, los productores y los trabajadores hondureños.
Maquila y manufactura entre los sectores más atentos
La industria textil y de la confección observa con atención las decisiones que adopte Washington.
El sector maquilador genera cerca de 200,000 empleos directos en Honduras y depende ampliamente de los pedidos procedentes de empresas estadounidenses.
Aunque algunos productos centroamericanos pueden recibir tratamientos diferentes debido al Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, las empresas siguen expuestas a cambios regulatorios, nuevas investigaciones comerciales o modificaciones en las listas de productos exentos.
Una eventual ampliación de los aranceles podría encarecer los productos hondureños frente a los fabricados en países que hayan alcanzado acuerdos comerciales particulares con Estados Unidos.
También existe preocupación en la industria de arneses eléctricos para vehículos, uno de los principales componentes de las exportaciones manufactureras hondureñas.
Este sector forma parte de cadenas internacionales de producción y abastece a la industria automotriz norteamericana. Un incremento de costos podría afectar los pedidos, reducir los márgenes de las empresas o impulsar el traslado de contratos hacia otros mercados.
Café y productos agrícolas
El café representa otro sector estratégico para Honduras.
Estados Unidos es uno de los principales compradores del grano hondureño y cualquier modificación arancelaria podría influir en los precios pagados a los exportadores, especialmente si el costo adicional no puede trasladarse completamente al consumidor estadounidense.
El impacto dependerá de la lista final de productos exentos y de las condiciones que establezca Washington para los bienes que Estados Unidos no produce en cantidades suficientes.
Otros productos como banano, melón, tabaco, puros, aceite de palma y alimentos procesados también podrían enfrentar cambios en sus condiciones de acceso.
Los productores advierten que incluso un gravamen aparentemente moderado puede generar efectos importantes en sectores que operan con márgenes reducidos y compiten con proveedores de otros países latinoamericanos.
El riesgo de perder competitividad regional
La preocupación de Honduras no se limita al pago directo del arancel.
El principal riesgo es que otros países de la región obtengan condiciones preferenciales mediante acuerdos individuales con Estados Unidos, mientras los productos hondureños continúan sujetos a gravámenes adicionales.
Una diferencia de pocos puntos porcentuales puede determinar qué país obtiene contratos de suministro, atrae nuevas inversiones o expande su participación en el mercado estadounidense.
La situación coloca presión sobre el Gobierno hondureño para negociar condiciones equivalentes o mejores que las obtenidas por sus principales competidores regionales.
Empresarios y exportadores han insistido en que Honduras necesita una estrategia comercial activa que incluya negociaciones con Washington, reducción de costos internos, mejoras logísticas y mayor seguridad jurídica para las inversiones.
El CAFTA-DR no elimina toda la incertidumbre
Honduras forma parte del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, conocido como CAFTA-DR.
El acuerdo eliminó o redujo gran parte de los aranceles tradicionales entre sus países miembros. Sin embargo, las medidas comerciales adoptadas posteriormente por Estados Unidos pueden utilizar otras bases legales y aplicarse como gravámenes adicionales.
Por esa razón, pertenecer al tratado no garantiza que todos los productos hondureños queden automáticamente fuera de nuevas políticas arancelarias.
La situación ha abierto un debate sobre la necesidad de actualizar la relación comercial bilateral y establecer mecanismos que protejan las preferencias otorgadas por el CAFTA-DR.
Consumidores estadounidenses también asumirían costos
Los aranceles son cobrados inicialmente a las empresas importadoras en Estados Unidos, pero sus efectos pueden distribuirse entre diferentes actores.
Parte del costo puede ser absorbida por el exportador mediante precios más bajos, asumida por el importador mediante una reducción de sus ganancias o trasladada al consumidor estadounidense mediante precios más altos.
En el caso de Honduras, una mayor presión sobre los exportadores podría traducirse en menores ingresos, reducción de inversiones o ajustes laborales.
Sin embargo, el aumento de los precios también puede afectar a consumidores estadounidenses que adquieren productos agrícolas, textiles y manufacturas procedentes de Centroamérica.
Honduras espera una definición
A pocos días del vencimiento del plazo, todavía existe incertidumbre sobre la política que sustituirá al arancel temporal.
Estados Unidos podría mantener una tarifa general mediante otra herramienta jurídica, establecer gravámenes diferenciados por país o sector, ampliar las excepciones o negociar acuerdos individuales con sus socios comerciales.
Para Honduras, el escenario más favorable sería obtener la eliminación del arancel adicional y conservar las preferencias comerciales establecidas en el CAFTA-DR.
Una solución de este tipo permitiría mantener la competitividad de las exportaciones, proteger empleos y ofrecer mayor seguridad a las empresas que producen en el país para abastecer el mercado estadounidense.
La decisión que adopte Washington después del 24 de julio será determinante para el desempeño del sector exportador hondureño durante el segundo semestre de 2026.
