El tráfico marítimo cayó con fuerza en dos de las rutas estratégicas más importantes del planeta. Mientras el estrecho de Ormuz sigue afectado por la guerra con Irán, los hutíes aseguran haber atacado petroleros saudíes en el mar Rojo y el golfo de Adén. Para países importadores como Honduras, una crisis prolongada puede significar más costos en combustibles, transporte y mercancías.
El comercio marítimo mundial enfrenta una amenaza simultánea en dos puntos críticos de Medio Oriente.
El estrecho de Ormuz y el Bab el-Mandeb, entrada sur del mar Rojo, registraron esta semana una fuerte reducción del tráfico de buques, en medio de ataques, amenazas y negociaciones todavía inciertas para reducir las tensiones regionales.
La situación es especialmente delicada porque ambos corredores son fundamentales para el movimiento internacional de petróleo, gas y mercancías.
Por Ormuz transitaba antes del conflicto aproximadamente 20% del petróleo y gas natural licuado comercializados mundialmente, mientras Bab el-Mandeb conecta el océano Índico con el mar Rojo y posteriormente con el canal de Suez, una de las rutas más importantes entre Asia y Europa.
El tráfico se desploma
Los datos de navegación muestran la magnitud del problema.
El miércoles únicamente dos buques atravesaron el estrecho de Ormuz, frente a ocho el día anterior. Antes del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, entre 130 y 140 embarcaciones cruzaban normalmente esta ruta cada día.
La caída fue todavía más llamativa en Bab el-Mandeb.
Solamente un buque de carga atravesó ese estrecho el miércoles, frente a 20 registrados durante la jornada anterior.
No significa necesariamente que el comercio se haya detenido completamente, pero sí muestra que navieras y operadores están modificando rutas, retrasando movimientos o evitando zonas consideradas peligrosas.
Los hutíes abren otro frente
El movimiento hutí de Yemen aseguró haber lanzado ataques con misiles contra dos petroleros saudíes: uno frente al puerto de Yanbu, en el mar Rojo, y otro en el golfo de Adén.
Hasta el momento, Arabia Saudita no ha confirmado oficialmente esos ataques.
Los hutíes declararon en julio un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita, ampliando un conflicto que durante años había afectado principalmente embarcaciones vinculadas con Israel y sus aliados.
La amenaza ya está modificando las decisiones de las compañías.
Seis superpetroleros con bandera saudí cambiaron recientemente su rumbo en el golfo de Adén y comenzaron a dirigirse hacia el sur de África, evitando la ruta del mar Rojo.
El problema es que rodear África implica más distancia, más combustible y más días de navegación.
Y todo eso cuesta dinero.
El petróleo encuentra obstáculos en dos direcciones
Los países del Golfo exportaron en julio aproximadamente 10.7 millones de barriles diarios de petróleo y condensados, pero ese volumen se mantiene cerca de 40% por debajo de los niveles existentes antes de la guerra.
Al mismo tiempo, Arabia Saudita busca organizar una coalición multinacional para proteger la navegación alrededor del mar Rojo, Bab el-Mandeb y el golfo de Adén.
Turquía, Pakistán, Egipto, Sudán y Djibouti figuran entre los países que han respaldado públicamente la iniciativa.
La preocupación internacional es sencilla: si Ormuz y Bab el-Mandeb permanecen restringidos simultáneamente, buena parte del sistema energético y comercial de Medio Oriente pierde sus rutas naturales de salida.
El efecto puede llegar hasta Honduras
Honduras se encuentra geográficamente lejos del conflicto, pero económicamente forma parte de las mismas cadenas internacionales.
Buena parte de los combustibles, materias primas, maquinaria, productos tecnológicos y mercancías que utiliza el país depende del transporte marítimo internacional.
Cuando las principales rutas se vuelven inseguras, las navieras pueden enfrentar mayores gastos de combustible, seguros, seguridad y tiempos de transporte.
Una parte de esos costos termina trasladándose al precio final de las mercancías.
El impacto también puede producirse indirectamente mediante el petróleo.
Si disminuyen los flujos desde el Golfo Pérsico o aumentan las dificultades para transportar crudo hacia los mercados internacionales, el precio mundial puede volver a subir.
Eso significa que una crisis que comienza en el estrecho de Ormuz o frente a las costas de Yemen puede terminar reflejándose en una gasolinera, un supermercado o una empresa hondureña.
Dos estrechos que pueden sacudir al mundo
Durante décadas, las grandes economías han tratado a Ormuz y Bab el-Mandeb como dos de los puntos más sensibles del comercio internacional.
Ahora ambos enfrentan problemas al mismo tiempo.
Las negociaciones sobre Ormuz continúan y existen intentos diplomáticos para estabilizar la navegación, pero los nuevos ataques y amenazas demuestran que la seguridad marítima todavía está lejos de regresar a la normalidad.
Para Honduras, la principal amenaza no está en el conflicto militar en sí, sino en sus consecuencias económicas.
Si las mercancías deben viajar más lejos, los seguros aumentan y el petróleo permanece bajo presión, el costo de una guerra a miles de kilómetros puede terminar llegando directamente al bolsillo hondureño.
