Reforma energética entra en fase decisiva en Honduras mientras crece la presión por rescatar la ENEE

El Congreso Nacional se encamina a discutir en su etapa final una reforma al subsector eléctrico que busca ampliar la competencia en la compra de energía, reducir pérdidas y enfrentar una crisis que, según el sector privado, está frenando inversión y empleo.

TEGUCIGALPA.— La reforma al subsector eléctrico entró en una fase decisiva en Honduras, en momentos en que el país enfrenta una creciente presión para corregir las fallas estructurales de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), mejorar el suministro y contener el impacto económico de un sistema que, según empresarios y autoridades, se ha convertido en uno de los principales lastres para la competitividad nacional.

La Comisión de Energía del Congreso Nacional trabaja en la socialización y revisión final de la iniciativa impulsada por el Poder Ejecutivo, con el objetivo de emitir un dictamen en los próximos días y allanar el camino para su discusión en el pleno legislativo.

De acuerdo con lo expuesto por diputados y funcionarios en las últimas horas, el proyecto busca construir el mayor consenso político posible antes de llegar al debate final, en un intento por acelerar una reforma considerada urgente por el tamaño de las pérdidas que arrastra la estatal eléctrica.

Uno de los puntos centrales de la propuesta es la posibilidad de abrir licitaciones públicas internacionales para la compra de energía, un mecanismo con el que el Gobierno espera aumentar la competencia entre oferentes y obtener precios más favorables para el sistema.

Una reforma bajo presión

La discusión llega en un momento delicado para el país. A los problemas históricos de la ENEE se suman los constantes reclamos del sector privado, que advierte que las deficiencias del sistema energético están afectando la llegada de nuevas inversiones, encareciendo costos y debilitando la generación de empleo formal.

El tema ha tomado mayor relevancia luego de que distintos sectores insistieran en que Honduras no solo necesita más energía, sino también un servicio más confiable, con precios competitivos y reglas claras para atraer capital.

Desde el Congreso, el presidente del Legislativo, Tomás Zambrano, ha defendido la necesidad de modernizar el sistema sin avanzar hacia una privatización de la estatal. Según esa postura, la reforma debe enfocarse en sanear la empresa, mejorar la contratación de energía y reducir los márgenes de ineficiencia que siguen deteriorando sus finanzas.

Pérdidas millonarias y alzas tarifarias

La urgencia del debate también está vinculada al deterioro financiero del sistema. Autoridades han señalado que las pérdidas de la ENEE siguen siendo millonarias, mientras persisten los problemas en generación, transmisión y distribución.

A eso se suma la presión sobre la tarifa eléctrica. Expertos y reguladores han advertido que, si continúan altos los precios internacionales de los combustibles y persiste la inestabilidad global, Honduras podría enfrentar un nuevo ajuste en la tarifa a partir de octubre, lo que aumentaría aún más la preocupación ciudadana y empresarial.

En ese contexto, la reforma no solo busca corregir distorsiones institucionales, sino también evitar que la crisis energética siga trasladándose al bolsillo de los usuarios y al costo de operación de las empresas.

Búsqueda de consenso político

Aunque el oficialismo y sectores aliados aseguran que la iniciativa avanza con respaldo importante, el Congreso todavía revisa propuestas adicionales planteadas por otras bancadas, incluyendo observaciones relacionadas con el hurto de energía y el funcionamiento general del mercado eléctrico.

La intención es presentar un documento más amplio y consensuado, que reúna los principales planteamientos del Ejecutivo y de los partidos políticos antes de su votación final.

Si el proceso avanza como prevén sus impulsores, Honduras podría entrar en una nueva etapa de reorganización de su sistema eléctrico en las próximas semanas.

El resultado será clave no solo para la ENEE, sino también para la economía nacional, en un momento en que el país necesita reducir costos, recuperar confianza y mejorar su capacidad para atraer inversión en medio de un entorno regional cada vez más competitivo.

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