Déficit de la ENEE supera los L11,187 millones y vuelve a presionar las finanzas públicas

Las pérdidas de energía aparecen nuevamente como uno de los principales factores detrás del deterioro financiero de la estatal eléctrica, mientras aumenta la presión política para ejecutar una reforma estructural del sector.

TEGUCIGALPA.— La situación financiera de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) vuelve al centro del debate económico hondureño luego de que un informe de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) situara en más de L11,187 millones el déficit acumulado de la estatal durante 2026.

La magnitud del desequilibrio convierte nuevamente a la empresa eléctrica en una de las principales fuentes de presión sobre las finanzas públicas y coincide con un momento en el que el Congreso Nacional analiza cambios profundos en la estructura del sector energético.

Uno de los datos más relevantes señalados en los reportes divulgados este miércoles es el peso que continúan teniendo las pérdidas de energía.

De acuerdo con las cifras presentadas, aproximadamente L8,469 millones del déficit estarían relacionados con pérdidas eléctricas, incluyendo problemas técnicos de la red, conexiones ilegales, hurto de energía y deficiencias en los sistemas de medición y facturación.

La cifra significa que una parte considerable de los recursos que deberían ingresar a la empresa simplemente no llegan a convertirse en ingresos efectivos.

El problema ya supera a la ENEE

El deterioro financiero de la estatal eléctrica no representa únicamente un problema empresarial.

Cuando la ENEE no genera suficientes recursos para cubrir sus obligaciones, el impacto termina trasladándose directa o indirectamente al Estado, que debe enfrentar compromisos financieros, deuda acumulada y necesidades de inversión indispensables para mantener funcionando el sistema eléctrico.

La situación adquiere especial importancia porque la electricidad constituye una infraestructura esencial para prácticamente toda la economía hondureña.

Industria, comercio, maquila, turismo, agricultura y servicios dependen de un suministro eléctrico estable y competitivo.

Cada lempira destinado a cubrir desequilibrios financieros de la empresa representa además recursos públicos que dejan de estar disponibles para otras necesidades como infraestructura, salud, educación o inversión social.

Las pérdidas siguen siendo el gran desafío

La reducción de pérdidas ha sido durante años uno de los principales objetivos del sistema eléctrico hondureño.

Sin embargo, los resultados continúan siendo insuficientes.

Además de las pérdidas técnicas provocadas por infraestructura antigua o redes ineficientes, Honduras enfrenta pérdidas comerciales relacionadas con conexiones clandestinas, manipulación de medidores y consumo de electricidad que nunca llega a ser facturado o cobrado.

También existen zonas donde las propias cuadrillas de la ENEE enfrentan dificultades para realizar inspecciones o trabajos técnicos por problemas de seguridad.

La combinación de estos factores genera un círculo financiero difícil de romper: la empresa pierde recursos, disminuye su capacidad de inversión, la infraestructura continúa deteriorándose y las deficiencias de la red pueden generar nuevas pérdidas.

Más de L20,000 millones de deuda adicional desde 2024

El informe también advierte sobre el crecimiento de las obligaciones financieras de la estatal durante los últimos años.

Los reportes divulgados indican que la deuda de la ENEE habría aumentado en más de L20,000 millones desde 2024, aumentando todavía más la presión sobre las cuentas públicas.

El problema resulta particularmente delicado porque una empresa altamente endeudada dispone de menos capacidad para financiar nuevas inversiones utilizando sus propios recursos.

Esto obliga a buscar financiamiento adicional, transferencias estatales o mecanismos extraordinarios para desarrollar proyectos de transmisión, distribución y generación.

La reforma energética gana urgencia

La publicación de las cifras coincide con la discusión en el Congreso Nacional de propuestas destinadas a reorganizar la ENEE.

Sectores nacionalistas y liberales han presentado iniciativas que plantean separar las actividades de generación, transmisión y distribución, creando estructuras empresariales diferenciadas.

El objetivo sería facilitar la administración de cada segmento, identificar con mayor claridad dónde se producen las pérdidas y permitir una gestión financiera independiente de las distintas actividades del sistema eléctrico.

La reforma también deberá determinar qué ocurrirá con los activos de la estatal y, especialmente, cómo se manejará la deuda acumulada.

Ese punto podría convertirse en uno de los aspectos más complejos de cualquier reorganización.

Dividir operativamente la empresa no elimina automáticamente sus obligaciones financieras.

Reducir pérdidas será más importante que dividir estructuras

La eventual reorganización de la ENEE podría mejorar la transparencia y facilitar el control administrativo, pero los resultados dependerán de la capacidad del país para atacar las causas profundas del déficit.

Crear tres empresas diferentes sin reducir el hurto de electricidad, modernizar las redes, mejorar los sistemas de medición y aumentar la eficiencia de cobro podría simplemente trasladar los problemas actuales hacia nuevas estructuras administrativas.

Por eso, la reducción de pérdidas continúa siendo uno de los indicadores fundamentales para determinar si una reforma eléctrica realmente funciona.

También será necesario aumentar la inversión en transmisión y distribución, áreas donde la modernización de infraestructura puede disminuir pérdidas técnicas y aumentar la confiabilidad del sistema.

Un problema que afecta la competitividad nacional

La crisis financiera de la ENEE tiene además consecuencias sobre la capacidad de Honduras para atraer inversión.

La disponibilidad de electricidad confiable y a precios competitivos es uno de los factores analizados por empresas industriales y tecnológicas antes de instalar operaciones en un país.

Un sistema con elevada deuda, pérdidas persistentes y necesidades constantes de subsidios representa un riesgo adicional para la economía.

Por el contrario, una reforma capaz de estabilizar financieramente el sector eléctrico podría liberar recursos públicos, mejorar el clima de inversión y facilitar nuevos proyectos de infraestructura energética.

Con un déficit que ya supera los L11,187 millones en 2026, la discusión sobre el futuro de la ENEE comienza a dejar de ser únicamente una reforma administrativa.

Se está convirtiendo en una decisión sobre la sostenibilidad fiscal y la competitividad económica de Honduras durante los próximos años.


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