Honduras queda bajo arancel del 10% en EE.UU.: exportaciones enfrentan nueva presión

Estados Unidos aplicó un arancel adicional del 10% a gran parte de las importaciones procedentes de Honduras bajo la Sección 301. La medida coloca bajo presión una relación comercial vital para el país y abre interrogantes sobre la competitividad de la maquila y otras exportaciones hondureñas.

Honduras enfrenta un nuevo escenario comercial con su principal socio económico.

Desde el 24 de julio, Estados Unidos aplica un arancel adicional del 10% a buena parte de los productos hondureños que ingresan a su mercado, como resultado de una investigación de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos —USTR— sobre las políticas utilizadas por decenas de países para impedir el comercio de bienes producidos mediante trabajo forzoso.

Honduras fue incluida entre 17 economías que recibieron la tasa del 10%, mientras otros países enfrentan gravámenes del 12.5%.

La decisión es especialmente relevante para Tegucigalpa porque Estados Unidos continúa siendo, por amplio margen, el principal destino de los productos hondureños.

En 2025, Estados Unidos importó aproximadamente US$5,500 millones en mercancías procedentes de Honduras, según datos de la USTR.

Y la dependencia es todavía más evidente al observar las exportaciones.

Datos del Banco Central de Honduras mostraban que durante el primer trimestre de 2025 aproximadamente 46.7% de las exportaciones hondureñas tenían como destino Estados Unidos, incluyendo prendas de vestir, arneses automotrices, café y banano.

No es simplemente pasar de cero a 10%

Existe, sin embargo, una diferencia importante.

El nuevo arancel de la Sección 301 sustituyó un gravamen temporal general del 10% que Washington ya venía aplicando a gran parte de sus importaciones internacionales.

Esto significa que para muchos productos hondureños no se produjo inmediatamente un salto de cero a 10% el 24 de julio.

Lo que cambió fue principalmente la base jurídica y la permanencia del gravamen: la administración estadounidense reemplazó el esquema temporal anterior por nuevos aranceles sustentados en investigaciones comerciales individuales bajo la Sección 301.

En términos prácticos, la presión arancelaria continúa.

¿Por qué Honduras?

Washington inició investigaciones contra 60 economías argumentando que sus gobiernos no habían adoptado o aplicado suficientemente mecanismos para impedir la importación de mercancías producidas mediante trabajo forzoso.

En junio, Honduras aparecía originalmente dentro del grupo que podía enfrentar una tasa del 12.5%.

Pero en la decisión definitiva anunciada el 23 de julio, la USTR colocó al país dentro del grupo sujeto al 10%, reservado para economías que cuentan con determinadas prohibiciones, asumieron compromisos para establecerlas o poseen mecanismos parciales contra este tipo de importaciones.

La medida no significa que Washington esté acusando directamente a las exportaciones hondureñas de ser producidas mediante trabajo forzoso.

El cuestionamiento estadounidense se dirige a las políticas que los países utilizan para evitar que bienes producidos bajo esas condiciones entren en sus propios mercados y posteriormente formen parte de cadenas internacionales de suministro.

La maquila vuelve al centro de la discusión

Uno de los sectores que merece mayor atención es la industria textil y de confección.

La maquila representa una parte fundamental del aparato exportador hondureño y mantiene una profunda integración con Estados Unidos bajo el tratado CAFTA-DR.

Honduras importa fibras, hilos y tejidos estadounidenses, los transforma localmente y posteriormente exporta prendas terminadas nuevamente hacia el mercado norteamericano.

Esa integración significa que un arancel puede afectar no solamente a empresas hondureñas, sino también a cadenas productivas estadounidenses que utilizan Honduras como plataforma manufacturera.

La política estadounidense contempla mecanismos especiales y excepciones para determinados productos textiles y otras mercancías, por lo que el impacto no será uniforme sobre todas las exportaciones hondureñas.

También existen exclusiones para determinadas materias primas, productos considerados esenciales y mercancías cuya oferta estadounidense podría resultar insuficiente.

¿Quién paga realmente el arancel?

El impuesto es cobrado por Estados Unidos al momento de importar el producto.

Formalmente, quien lo paga es el importador estadounidense.

Pero económicamente el costo puede repartirse.

Una empresa estadounidense puede aceptar absorber el arancel, trasladarlo al consumidor mediante precios más altos o presionar al productor hondureño para reducir su precio.

Es este último escenario el que representa uno de los mayores riesgos para Honduras.

Si los compradores estadounidenses exigen precios menores para compensar el impuesto, las empresas hondureñas podrían ver reducidos sus márgenes de ganancia y eventualmente su capacidad para competir contra proveedores de otros países.

Un mercado demasiado importante para Honduras

La relación comercial entre ambos países continúa siendo enorme.

Durante 2025, el intercambio de mercancías entre Honduras y Estados Unidos alcanzó alrededor de US$12,500 millones.

Estados Unidos exportó US$7,000 millones hacia Honduras e importó US$5,500 millones desde territorio hondureño, manteniendo un superávit comercial de aproximadamente US$1,500 millones.

Eso también revela una particularidad importante: Estados Unidos vende a Honduras considerablemente más de lo que compra.

Por ello, cualquier deterioro del comercio bilateral tendría efectos para empresas de ambos países.

El reto para Honduras será determinar cuáles exportaciones están efectivamente alcanzadas por el nuevo régimen, cuáles pueden aprovechar las excepciones y qué acciones puede tomar el Gobierno para preservar la competitividad del país.

Porque detrás de una cifra aparentemente simple —10%— se encuentra una relación comercial de miles de millones de dólares y uno de los principales motores de empleo, inversión y generación de divisas de Honduras.

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