Reforma energética entra en fase decisiva: Congreso avanza hacia división de la ENEE en tres empresas

La reorganización separaría generación, transmisión y distribución eléctrica, mientras el Congreso deberá definir el manejo de los activos, la deuda y el futuro modelo del mercado energético hondureño.

TEGUCIGALPA.— Honduras se acerca a una de las transformaciones más profundas de su sector eléctrico en décadas. Las propuestas que actualmente se discuten en el Congreso Nacional coinciden en reorganizar la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) mediante la separación de sus principales áreas operativas: generación, transmisión y distribución.

El planteamiento ha comenzado a reunir posiciones de sectores del Partido Nacional y del Partido Liberal, mientras el Poder Ejecutivo también mantiene una propuesta sobre la mesa. Aunque todavía existen diferencias sobre la estructura definitiva y el manejo de algunos activos, el punto de coincidencia es cada vez más claro: mantener el actual modelo integrado de la ENEE resulta difícilmente sostenible.

La reforma pretende convertir las diferentes actividades del sistema eléctrico en unidades empresariales separadas, permitiendo identificar con mayor precisión los costos, ingresos, pérdidas y necesidades de inversión de cada segmento.

Actualmente, la ENEE concentra dentro de una misma estructura actividades que van desde la generación de electricidad hasta la transmisión y distribución hacia consumidores residenciales, comerciales e industriales.

Tres empresas para un nuevo sistema eléctrico

Según los planteamientos conocidos en el Congreso, la reorganización establecería entidades diferenciadas para generación, transmisión y distribución, mientras la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE) conservaría funciones regulatorias y el Operador del Sistema (ODS) continuaría coordinando el funcionamiento técnico del sistema y del mercado eléctrico.

Uno de los aspectos centrales será determinar quién conservará los activos de la ENEE.

Las propuestas legislativas analizadas contemplan que la estatal pueda continuar siendo propietaria de parte importante de la infraestructura, mientras las nuevas empresas asumirían funciones específicas dentro de cada segmento.

Esto permitiría que el Estado mantenga presencia en el sector eléctrico sin necesidad de operar toda la cadena mediante una única estructura administrativa.

Los promotores de la reforma también han rechazado que la reorganización implique necesariamente una privatización de la ENEE. El debate legislativo se concentra precisamente en establecer mecanismos que permitan separar las operaciones sin transferir automáticamente los activos estratégicos al sector privado.

La crisis financiera acelera la reforma

La discusión ocurre en uno de los momentos financieros más delicados para la empresa estatal.

Informes divulgados esta semana señalan que el déficit acumulado de la ENEE durante 2026 supera los L11,187 millones, mientras una parte considerable del desequilibrio estaría vinculada con las pérdidas de energía.

Las pérdidas técnicas, conexiones ilegales, problemas de medición y hurto de electricidad continúan representando uno de los mayores desafíos financieros del sistema.

La situación no afecta únicamente a la empresa.

El deterioro financiero de la ENEE también ejerce presión sobre las cuentas públicas, debido a que el Estado debe asumir obligaciones, transferencias y compromisos asociados con la operación del sistema eléctrico.

La separación empresarial podría permitir identificar con mayor claridad dónde se generan las pérdidas y qué segmento necesita inversión, modernización o correcciones administrativas.

La deuda será uno de los puntos más complejos

Sin embargo, dividir operativamente la empresa representa solamente una parte del desafío.

El Congreso tendrá que establecer qué ocurrirá con la deuda acumulada de la ENEE, cómo serán distribuidas las obligaciones financieras y qué entidad responderá por los compromisos existentes.

También deberá definirse el régimen laboral de los trabajadores, la propiedad de plantas, redes de transmisión, subestaciones y sistemas de distribución.

La estructura tarifaria será otro elemento fundamental.

Una reforma que reduzca pérdidas y aumente eficiencia podría mejorar las condiciones financieras del sistema, pero una reorganización incompleta podría simplemente trasladar los problemas existentes de una empresa hacia tres estructuras distintas.

Por esa razón, el diseño institucional será tan importante como la separación administrativa.

Una reforma con impacto sobre toda la economía

La transformación de la ENEE trasciende el funcionamiento de una empresa pública.

El costo y la confiabilidad de la electricidad influyen directamente sobre la competitividad industrial, la maquila, el comercio, la inversión extranjera y los costos de producción de prácticamente toda la economía hondureña.

Un sistema eléctrico financieramente sostenible y capaz de realizar inversiones en transmisión y distribución podría aumentar la capacidad del país para atraer proyectos industriales, tecnológicos y logísticos.

También podría facilitar la incorporación de nuevas fuentes de generación renovable y proyectos privados de inversión energética.

El desafío será conseguir que la reorganización se traduzca en menores pérdidas, mayor inversión, mejor servicio y estabilidad tarifaria, y no simplemente en una modificación administrativa.

Con nacionalistas, liberales y el Ejecutivo coincidiendo en la necesidad de transformar la estructura actual, Honduras parece haber superado una de las primeras barreras políticas para impulsar la reforma.

Ahora comienza la parte más compleja: definir cómo dividir la ENEE, quién administrará sus activos, quién asumirá su deuda y qué modelo eléctrico tendrá Honduras durante las próximas décadas.


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