A menos de dos meses de las elecciones presidenciales, Brasil se encamina hacia una nueva confrontación entre los dos grandes polos que dominan su política. Lula busca un cuarto mandato mientras Flávio Bolsonaro intenta reunificar a la derecha y recuperar el poder perdido por su padre.
BRASILIA.— Brasil se aproxima a unas elecciones presidenciales que pueden convertirse nuevamente en un referéndum sobre dos proyectos políticos profundamente diferentes.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, referente histórico de la izquierda brasileña, parte como favorito para las elecciones del próximo 4 de octubre, pero enfrente emerge como principal adversario el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y heredero electoral del movimiento conservador construido alrededor de su padre.
La campaña electoral comenzará formalmente el 16 de agosto, un día después del plazo máximo establecido por la Justicia Electoral para registrar las candidaturas. Si ningún aspirante supera el 50% de los votos válidos en primera vuelta, Brasil celebrará una segunda ronda el 25 de octubre.
El escenario actual apunta precisamente hacia esa posibilidad.
Lula comienza adelante, pero la derecha recorta distancia
La encuesta CNT/MDA publicada el 11 de agosto coloca a Lula con 42,4% de intención de voto en primera vuelta, mientras Flávio Bolsonaro aparece con 28,7%.
Más atrás se encuentran otros candidatos vinculados principalmente con la derecha y centroderecha: Ronaldo Caiado obtiene 4%, Romeu Zema 3,3% y Renan Santos 2,8%.
El dato muestra una característica fundamental de la elección: la izquierda llega considerablemente más concentrada alrededor de Lula, mientras la derecha todavía distribuye parte de sus votos entre varios candidatos.
Reuters señala que Lula ha conseguido reunir alrededor de su candidatura a los cinco principales partidos del espacio de centroizquierda, mientras la oposición conservadora continúa presentando alternativas diferentes al bolsonarismo.
Pero la verdadera batalla probablemente comenzaría en una segunda vuelta.
En un enfrentamiento directo, la encuesta CNT/MDA coloca a Lula con 48% frente a 39,1% de Flávio Bolsonaro. Aunque la ventaja sigue siendo significativa, el senador conservador ha reducido la distancia: en junio el mismo instituto registraba 49,3% para Lula y 36,8% para Bolsonaro.
Otros sondeos han mostrado una disputa todavía más estrecha. Datafolha situó anteriormente una eventual segunda vuelta en 47% para Lula y 43% para Flávio Bolsonaro, confirmando que el desenlace continúa abierto.
La derecha busca reunificarse
La principal tarea de Flávio Bolsonaro será lograr que el electorado conservador llegue unido a una eventual segunda vuelta.
El senador ha asumido el papel de sucesor político de Jair Bolsonaro, quien está impedido de participar en estas elecciones. Su campaña intenta conservar el voto bolsonarista mientras amplía su alcance hacia sectores conservadores que no necesariamente mantienen una identificación directa con el expresidente.
El problema es que la derecha brasileña se ha vuelto más amplia que el propio bolsonarismo.
Gobernadores y dirigentes como Ronaldo Caiado y Romeu Zema representan corrientes conservadoras con proyectos propios, por lo que Flávio necesita convertir una posible segunda vuelta en una elección binaria entre izquierda y derecha capaz de atraer prácticamente todos esos votos.
Esa transferencia será decisiva.
Si Bolsonaro logra sumar buena parte del electorado de los candidatos conservadores eliminados en primera vuelta, la ventaja inicial de Lula podría reducirse considerablemente.
La reciente reconciliación pública entre Flávio y Michelle Bolsonaro también busca presentar una estructura familiar y política unificada antes del comienzo formal de la campaña. Michelle tendrá un papel especialmente importante en la movilización del voto femenino y evangélico.
Lula concentra a la izquierda
La situación es diferente en el otro extremo político.
A sus 80 años, Lula continúa siendo la figura capaz de mantener unidas a las diferentes corrientes progresistas brasileñas y se prepara para disputar lo que probablemente sea su última elección presidencial.
Su candidatura absorbe buena parte del voto de izquierda desde la primera vuelta, una ventaja estratégica frente a una derecha más fragmentada.
Pero esa fortaleza también revela una debilidad de largo plazo.
La izquierda brasileña todavía no dispone de un sucesor con una capacidad electoral comparable a la del actual presidente, por lo que el futuro del espacio político después de Lula comienza a convertirse en una discusión relevante dentro de la propia coalición.
Economía contra economía
La disputa ideológica también se trasladará al modelo económico.
La campaña de Flávio Bolsonaro prepara una propuesta para reemplazar las actuales reglas fiscales brasileñas por un sistema más restrictivo vinculado al nivel de deuda pública.
Entre las medidas estudiadas se encuentran límites más estrictos al crecimiento del gasto público cuando la deuda supere determinados niveles. La deuda bruta brasileña alcanzó 81,9% del PIB en junio, según los datos citados por Reuters.
El planteamiento busca presentar a la derecha como garante de disciplina fiscal y confianza empresarial.
Lula, por su parte, defenderá un modelo con mayor participación estatal, inversión pública y programas sociales, intentando mantener al mismo tiempo estabilidad macroeconómica.
La economía podría convertirse así en uno de los principales campos de batalla de la campaña: cuánto debe gastar el Estado, cómo reducir la deuda y qué papel debe desempeñar el Gobierno en el crecimiento económico.
Seguridad será otro terreno decisivo
La seguridad pública aparece también como una oportunidad importante para la oposición conservadora.
Flávio Bolsonaro ha colocado figuras vinculadas con seguridad y combate al crimen dentro de su fórmula electoral y busca recuperar uno de los temas que impulsaron originalmente el crecimiento del bolsonarismo.
La izquierda deberá responder sin perder su discurso tradicional sobre derechos humanos y políticas sociales.
En una elección cerrada, la percepción ciudadana sobre delincuencia, corrupción y capacidad del Estado puede terminar movilizando sectores que no mantienen una identificación ideológica rígida.
Trump también entra indirectamente en la campaña
La relación con Estados Unidos está introduciendo además una dimensión internacional poco habitual.
Las tensiones entre el Gobierno de Lula y la administración estadounidense han permitido al presidente brasileño reforzar un discurso de defensa de la soberanía nacional, mientras la proximidad política del bolsonarismo con sectores de la derecha estadounidense puede convertirse simultáneamente en una fortaleza entre sus seguidores y en un riesgo frente a votantes más nacionalistas.
La política exterior puede terminar influyendo así sobre una elección tradicionalmente dominada por asuntos internos.
Brasil vuelve a dividirse en dos grandes proyectos
El mapa electoral empieza a parecerse nuevamente al enfrentamiento que marcó las elecciones de 2022, pero con una diferencia fundamental.
Esta vez Jair Bolsonaro no estará en la papeleta.
El desafío de Flávio será demostrar que el movimiento construido por su padre puede sobrevivir electoralmente sin su fundador como candidato.
Para Lula, el desafío será convencer a los brasileños de concederle otro mandato después de regresar al poder en 2023.
La primera vuelta todavía permite espacio para candidatos alternativos, especialmente dentro de la derecha. Pero los números actuales indican que la elección se está organizando cada vez más alrededor de dos grandes polos: lulismo contra bolsonarismo, izquierda contra derecha y continuidad contra alternancia.
Con la campaña oficial a punto de comenzar, Brasil entra así en las semanas que definirán si Lula logra consolidar su ventaja o si Flávio Bolsonaro consigue reunir detrás de su candidatura a una derecha que, aunque fragmentada en primera vuelta, mantiene suficiente fuerza electoral para convertir octubre en una batalla mucho más cerrada de lo que indican las cifras iniciales.
