Aunque la economía hondureña mantiene cifras positivas de crecimiento, cerca del 78 % de los trabajadores permanece en la informalidad y más de tres millones carecen de cobertura laboral formal. La inflación y los bajos ingresos profundizan la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la realidad de los hogares.
TEGUCIGALPA, HONDURAS.— Honduras continúa registrando crecimiento económico, pero sus beneficios todavía no se traducen plenamente en empleos estables, salarios suficientes y mejores condiciones de vida para la mayoría de la población.
La economía nacional creció aproximadamente un 3.8 % durante 2025, impulsada por el ingreso extraordinario de remesas, la producción de café y el consumo interno. Sin embargo, el Banco Mundial proyecta una desaceleración hasta el 3.4 % en 2026, debido a una menor expansión del consumo, el aumento de los precios y posibles reducciones en el flujo de remesas.
Estas cifras muestran que Honduras continúa produciendo más bienes y servicios, pero no necesariamente que ese crecimiento esté generando suficientes puestos de trabajo formales o elevando de manera significativa los ingresos familiares.
Más de tres millones trabajan sin protección formal
El principal obstáculo se encuentra en la estructura del mercado laboral. Al cierre de 2025, Honduras tenía aproximadamente 4.07 millones de personas ocupadas, pero solamente 915,222 cotizaban a la seguridad social.
Esto significa que más de tres millones de trabajadores carecían de cobertura formal y que la informalidad se acercaba al 78 %, según datos del Boletín de Mercado Laboral del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, elaborados con cifras del Instituto Nacional de Estadística.
El Banco Mundial también identifica la informalidad como uno de los principales problemas estructurales del país y la situaba en el 74.8 % durante 2024. Gran parte de los empleos se concentra en actividades comerciales, agrícolas y de servicios con baja productividad, escasa estabilidad y limitado acceso a protección social. (Documentos Públicos del Banco Mundial)
Para millones de hondureños, trabajar no implica necesariamente contar con un contrato, vacaciones, décimo tercer y décimo cuarto mes, seguro médico, pensión o protección frente a un despido.
Tener trabajo no garantiza ingresos suficientes
La tasa de desocupación se redujo al 4.9 % durante 2025, pero esta cifra no refleja por sí sola la magnitud del problema laboral.
La Universidad Nacional Autónoma de Honduras advierte que la subocupación representa un desafío más grave que el desempleo abierto. El 33.4 % de las personas ocupadas enfrentaba insuficiencia de ingresos, es decir, trabajaba una jornada completa o incluso superior, pero recibía remuneraciones inferiores al salario mínimo correspondiente.
Al sumar a quienes trabajan menos horas de las que necesitan, la tasa total de subocupación alcanzó aproximadamente el 41.4 % en 2025.
En consecuencia, una persona puede aparecer oficialmente como ocupada y, al mismo tiempo, no obtener ingresos suficientes para cubrir alimentación, vivienda, transporte, medicamentos, educación y servicios básicos.
La UNAH sostiene que el crecimiento económico registrado durante los últimos años no ha logrado transformar de manera sustancial la calidad del empleo y que persisten actividades de baja productividad, alta informalidad y débil protección social.
La inflación reduce el poder de compra
La precariedad laboral se combina con una nueva presión sobre el costo de vida. La inflación interanual llegó al 6.09 % en mayo de 2026, superando temporalmente el rango de tolerancia establecido por el Banco Central de Honduras.
El BCH atribuyó el 70 % de la inflación registrada al incremento de los precios de los bienes transables, aquellos productos que se importan o cuyos precios dependen directamente del mercado internacional.
Durante mayo, el 61.7 % de los 405 bienes y servicios incluidos en la nueva cesta del Índice de Precios al Consumidor registró aumentos. Los combustibles, la energía, el transporte y algunos alimentos industrializados y perecederos estuvieron entre los rubros que ejercieron mayor presión.
El efecto resulta especialmente fuerte sobre los trabajadores informales, cuyos ingresos suelen ser variables y no aumentan automáticamente cuando suben los precios.
Un vendedor ambulante, un agricultor, un trabajador por cuenta propia o una persona contratada sin protección legal puede enfrentar un incremento inmediato de sus gastos sin contar con ajustes salariales, ahorros suficientes o acceso estable al crédito.
Los jóvenes encuentran un mercado cerrado
La falta de empleo de calidad afecta particularmente a la población joven. Más de 793,000 hondureños entre 15 y 29 años enfrentaron problemas de empleo durante 2025, equivalentes al 39 % de todas las personas afectadas por desempleo o subocupación.
El crecimiento del empleo formal promedió apenas un 2.7 % anual durante la última década, una velocidad insuficiente para absorber a los jóvenes que cada año terminan sus estudios e intentan incorporarse al mercado laboral.
Muchos terminan aceptando trabajos temporales, actividades por cuenta propia o puestos con salarios inferiores a sus necesidades. Otros optan por emigrar ante la dificultad de construir un proyecto de vida estable dentro del país.
La informalidad juvenil también tiene consecuencias a largo plazo. Una persona que comienza su vida laboral sin cotizar a la seguridad social pierde años de aportaciones para su jubilación y permanece más expuesta a enfermedades, accidentes y periodos sin ingresos.
La economía depende demasiado del consumo y las remesas
Otro elemento de vulnerabilidad es la dependencia del consumo financiado por remesas. Estos recursos representan más de una cuarta parte del producto interno bruto de Honduras y durante 2025 fueron uno de los principales motores de la actividad económica. (Banco Mundial)
Las remesas permiten sostener a millones de familias, dinamizan el comercio y ayudan a reducir la pobreza. Sin embargo, no sustituyen la creación de empresas productivas, la inversión ni la generación permanente de empleos.
Cuando el crecimiento depende principalmente del dinero enviado desde el extranjero, la economía queda expuesta a cambios migratorios, laborales y políticos en Estados Unidos.
El Banco Mundial advierte que una eventual reducción en el crecimiento de las remesas, combinada con el aumento de la inflación, moderará el consumo de los hogares durante 2026. (Documentos Públicos del Banco Mundial)
Crecer no es suficiente
Los indicadores muestran que Honduras no enfrenta únicamente un problema de falta de trabajo, sino una crisis relacionada con la calidad de los puestos existentes.
El desafío consiste en transformar el crecimiento económico en empleos formales, productivos y suficientemente remunerados. Esto requiere atraer inversiones, simplificar la formalización de pequeñas empresas, mejorar la educación técnica, fortalecer la inspección laboral y ampliar la cobertura de la seguridad social.
También será necesario impulsar sectores capaces de ofrecer mayor productividad y mejores salarios, evitando que la mayoría de los nuevos empleos se concentre en actividades informales de subsistencia.
Mientras casi ocho de cada diez trabajadores permanezcan fuera de la formalidad y una tercera parte de los ocupados reciba ingresos insuficientes, las cifras positivas del producto interno bruto continuarán alejadas de la experiencia cotidiana de los hogares.
Honduras puede crecer en los informes económicos, pero el verdadero desarrollo solamente llegará cuando ese crecimiento se refleje en salarios dignos, estabilidad laboral y una mejora perceptible en la vida de su población.
