Un informe sobre el ecosistema de desinformación revela que apenas una de cada diez afirmaciones políticas sometidas a verificación resultó completamente verdadera. Facebook concentró casi siete de cada diez bulos detectados durante el primer semestre de 2026.
TEGUCIGALPA, HONDURAS.— La desinformación se ha convertido en una amenaza creciente para el debate público hondureño. Durante los primeros seis meses de 2026, seis de cada diez declaraciones políticas seleccionadas y analizadas por medios de verificación fueron calificadas como falsas o engañosas.
El hallazgo forma parte del informe “Radiografía del Ecosistema de Desinformación en Honduras: Monitoreo de Bulos y la Verificación de Hechos”, una investigación que reunió el trabajo desarrollado por seis iniciativas periodísticas nacionales entre el 1 de enero y el 30 de junio.
El estudio consolidó 534 verificaciones. De ese total, 121 correspondieron al análisis de declaraciones públicas y otras 413 estuvieron relacionadas con bulos, imágenes manipuladas, videos alterados y publicaciones falsas difundidas principalmente en redes sociales.
De las 121 afirmaciones públicas examinadas, 103 fueron atribuidas a dirigentes, legisladores o voceros con una filiación política identificable. Dentro de ese grupo, 43 recibieron una calificación de falsas y 17 fueron consideradas engañosas.
En conjunto, 60 de las 103 declaraciones políticas analizadas, equivalentes al 59 %, contenían información falsa, manipulada, incompleta o presentada de una manera capaz de inducir al público a una conclusión equivocada.
Apenas una de cada diez fue considerada verdadera
El informe señala que solamente alrededor del 9 % de las afirmaciones políticas verificadas fue clasificado como completamente verdadero, una proporción equivalente a aproximadamente una de cada diez declaraciones.
Las restantes recibieron calificaciones como verdad a medias, inexacta, sin evidencia, sin datos suficientes o categorías similares utilizadas por los equipos de verificación.
Los resultados no significan que seis de cada diez afirmaciones pronunciadas por todos los políticos hondureños durante el semestre fueran necesariamente falsas. El estudio analizó declaraciones seleccionadas por los medios debido a su relevancia, alcance, controversia o necesidad de comprobación, por lo que no constituye una muestra aleatoria de la totalidad del discurso político nacional.
Sin embargo, la elevada presencia de falsedades y contenidos engañosos dentro de las afirmaciones sometidas a verificación evidencia la facilidad con la que datos incorrectos pueden incorporarse al debate público y ser repetidos posteriormente por medios, activistas y usuarios de redes sociales.
Los tres principales partidos aparecen en el informe
De las 103 declaraciones con filiación política identificada, 52 correspondieron a voceros o legisladores del Partido Libertad y Refundación, 32 al Partido Nacional y 19 al Partido Liberal.
El Partido Nacional registró 18 declaraciones calificadas como falsas, seguido por Libre con 17 y el Partido Liberal con ocho.
En la categoría de afirmaciones engañosas, Libre acumuló 10 casos, el Partido Liberal cuatro y el Partido Nacional tres.
Estas cifras representan cantidades absolutas y deben interpretarse considerando que no todos los partidos tuvieron el mismo número de declaraciones verificadas. Libre, por ejemplo, concentró aproximadamente la mitad de las afirmaciones políticas examinadas, mientras que los partidos Nacional y Liberal tuvieron una participación menor dentro de la muestra.
Por esa razón, el número de falsedades atribuidas a cada organización no equivale automáticamente a una comparación proporcional sobre cuál partido miente más. El principal resultado del informe es más amplio: la desinformación atraviesa a las principales fuerzas políticas hondureñas.
Facebook concentra la desinformación
El estudio también documentó 413 bulos difundidos durante el primer semestre de 2026. Facebook fue la plataforma con mayor presencia de contenidos falsos, al concentrar el 68.5 % de los casos identificados.
TikTok ocupó el segundo lugar con el 16.5 %, mientras la red social X representó el 9 %.
Esto significa que casi siete de cada diez contenidos desinformativos examinados circularon mediante Facebook, una plataforma que continúa teniendo una fuerte penetración entre la población hondureña y que permite que imágenes, titulares y videos alcancen rápidamente a miles de usuarios.
La investigación identificó 201 emisores diferentes de contenidos falsos. Entre ellos, 37 utilizaban nombres que imitaban la apariencia de un medio de comunicación mediante palabras como “noticias”, “televisión”, “canal” o “diario”.
Esta estrategia puede provocar que los usuarios confíen en una publicación sin verificar quién la produjo, si pertenece a una organización periodística real o si presenta fuentes que respalden sus afirmaciones.
Diez cuentas difundieron una quinta parte de los bulos
La producción de desinformación también mostró una alta concentración. Solamente diez cuentas fueron responsables del 21.5 % de los bulos documentados durante los seis meses analizados.
Una sola cuenta acumuló 39 casos, una cifra cercana al 10 % de toda la desinformación identificada por los equipos de verificación durante el semestre.
El dato demuestra que un grupo relativamente reducido de perfiles puede tener una participación considerable en la circulación de falsedades, especialmente cuando sus publicaciones son compartidas por páginas, grupos y usuarios que amplifican el contenido sin comprobarlo.
El presidente Nasry Asfura fue la figura individual más mencionada dentro de los bulos, con 52 referencias. El Congreso Nacional acumuló otras 35 menciones al sumar publicaciones relacionadas con su presidencia, vicepresidencia y actividad institucional.
La política domina las narrativas falsas
El 56.2 % de los bulos examinados estuvo relacionado con asuntos políticos. En otras palabras, más de la mitad de los contenidos falsos identificados durante el semestre intentó influir en la percepción ciudadana sobre funcionarios, partidos, instituciones o acontecimientos políticos.
Marzo fue el mes con mayor actividad, con 101 bulos registrados, seguido por junio con 99. En enero solamente se documentaron 25 casos.
El incremento coincidió con periodos de mayor tensión política e institucional, lo que sugiere que la desinformación aumenta cuando se producen controversias, confrontaciones entre partidos o acontecimientos capaces de generar una fuerte reacción pública.
Los contenidos falsos no solamente buscan favorecer o perjudicar a una figura determinada. También pueden sembrar dudas sobre instituciones, promover confrontaciones, alterar la interpretación de acontecimientos reales y aumentar la desconfianza de la población.
Inteligencia artificial comienza a ganar terreno
El informe advierte que el 12.6 % de los bulos documentados utilizó contenido creado o manipulado mediante herramientas de inteligencia artificial.
La incidencia mensual de este tipo de publicaciones se duplicó entre enero y junio, al pasar de siete a 14 casos.
Entre los ejemplos detectados aparecen fotografías fabricadas, imágenes de acontecimientos inexistentes y videos alterados que fueron presentados como si documentaran hechos reales.
La mayoría de los casos no requirió conocimientos técnicos avanzados. Herramientas gratuitas o de fácil acceso permitieron crear materiales suficientemente convincentes para engañar a usuarios que observaron las publicaciones rápidamente o desde la pantalla de un teléfono.
El avance de la inteligencia artificial también complica el trabajo de los medios y de la ciudadanía, debido a que una imagen visualmente realista ya no puede considerarse una prueba suficiente de que un acontecimiento realmente ocurrió.
Una amenaza para la democracia
La desinformación política puede influir en decisiones electorales, deteriorar la confianza en las instituciones y dificultar que los ciudadanos distingan entre hechos comprobados, opiniones y propaganda.
Cuando dirigentes políticos difunden datos falsos o engañosos, la información puede alcanzar una audiencia mayor debido a la cobertura mediática, la repetición partidaria y la circulación de fragmentos de discursos en redes sociales.
El problema aumenta cuando las correcciones obtienen una difusión menor que la publicación original. Una afirmación falsa puede recorrer el país en cuestión de horas, mientras su desmentido llega tarde o solamente alcanza a una parte de quienes observaron el contenido inicial.
El informe plantea la necesidad de fortalecer la educación mediática, la verificación de información y la responsabilidad de dirigentes, partidos y plataformas digitales.
Para los ciudadanos, la principal defensa continúa siendo desconfiar de publicaciones sin fuente, revisar la fecha y el origen del contenido, buscar confirmación en distintos medios y evitar compartir información únicamente porque coincide con sus preferencias políticas.
La primera radiografía agregada sobre la desinformación hondureña deja una advertencia contundente: las falsedades ya no son hechos aislados, sino parte de un ecosistema capaz de contaminar el debate público y debilitar la capacidad de la población para tomar decisiones basadas en información comprobable.
