El Niño seca el Corredor Seco: 75 municipios entran en alerta por falta de lluvias

El déficit de precipitaciones amenaza las cosechas, el abastecimiento de agua y la seguridad alimentaria de miles de familias. El Gobierno anunció una inversión inicial de 62 millones de lempiras para atender las zonas más afectadas.

TEGUCIGALPA, HONDURAS.— La sequía dejó de ser una amenaza futura y comenzó a golpear directamente a decenas de municipios hondureños, donde la reducción de las lluvias está afectando las fuentes de agua, la producción agrícola y los ingresos de las familias que dependen de las cosechas.

La Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales mantiene a 75 municipios en Alerta Amarilla por sequía. La actualización más reciente también incluye 48 municipios en Alerta Verde y otros 111 bajo vigilancia meteorológica.

Las zonas en Alerta Amarilla se encuentran principalmente en los departamentos de Choluteca, Valle, Francisco Morazán, El Paraíso, La Paz y Comayagua, territorios que forman parte o mantienen vínculos productivos con el denominado Corredor Seco hondureño.

Entre los municipios afectados aparecen el Distrito Central, Choluteca, Marcovia, El Triunfo, Pespire, Namasigüe, San Marcos de Colón, Talanga, Valle de Ángeles, Santa Lucía, Ojojona y otras localidades donde las lluvias han sido insuficientes para recuperar la humedad de los suelos y las fuentes de abastecimiento.

Lluvias se redujeron hasta en un 50 %

El Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos advirtió que en distintas zonas del país las precipitaciones se redujeron en más de un 50 % con respecto a los niveles esperados.

Los registros correspondientes a mayo, junio y los primeros días de julio muestran que algunos municipios recibieron prácticamente la mitad de la lluvia necesaria para sostener adecuadamente los cultivos y las reservas de agua.

Aunque el paso de ondas tropicales ha provocado precipitaciones ocasionales, estas no han sido suficientes para compensar el déficit acumulado durante los últimos meses. En algunas zonas se reporta una reducción equivalente a entre 100 y 200 milímetros de lluvia.

La situación afecta especialmente a pequeños productores que dependen de la agricultura de temporal y que no cuentan con sistemas de riego, reservorios o capacidad económica para perforar pozos.

Cuando la lluvia se retrasa o desaparece durante las etapas iniciales de la siembra, los productores pueden perder semillas, fertilizantes, trabajo y recursos invertidos antes de obtener una sola cosecha.

Canícula podría prolongarse hasta septiembre

Cenaos anticipa una canícula más prolongada de lo habitual, con condiciones de pocas lluvias que podrían extenderse hasta aproximadamente el 10 de septiembre en varios municipios.

Las proyecciones divulgadas por el organismo meteorológico indican reducciones importantes de las precipitaciones durante agosto, septiembre y octubre, lo que amenaza tanto los cultivos de primera como la preparación de las siembras de postrera.

El jefe de Cenaos, Francisco Argeñal, señaló que el país continuará bajo la influencia de condiciones asociadas a un fenómeno de El Niño fuerte, que podría mantenerse hasta los primeros meses de 2027.

Una prolongación de la sequía reduciría la recuperación de los suelos, atrasaría las siembras y limitaría la disponibilidad de agua para el consumo humano y animal.

Cosechas y alimentos bajo amenaza

La pérdida de cultivos representa uno de los principales riesgos para las familias rurales. En el Corredor Seco, miles de hogares producen maíz, frijoles, sorgo y otros alimentos principalmente para su propio consumo.

Cuando estas cosechas fracasan, las familias no solamente pierden una fuente de ingresos, sino también los alimentos que utilizarían durante los meses siguientes.

La reducción de la producción nacional también puede presionar los precios en mercados y centros de abastecimiento. Una menor oferta de granos básicos obliga a recurrir a inventarios, importaciones o compras en otras regiones, incrementando los costos de transporte y comercialización.

El impacto termina trasladándose desde las comunidades agrícolas hasta los consumidores urbanos, especialmente aquellos con menores ingresos y mayor dependencia de los alimentos básicos.

La sequía también afecta al sector ganadero. La disminución de fuentes de agua y pastos obliga a los productores a trasladar animales, comprar alimento adicional o reducir sus rebaños para evitar mayores pérdidas.

Treinta y ocho municipios recibirán atención prioritaria

De los 75 municipios bajo Alerta Amarilla, 38 fueron clasificados como territorios con mayor riesgo de sufrir problemas relacionados con la seguridad alimentaria.

Estas localidades recibirán atención prioritaria debido a la exposición prolongada a la sequía, la reducción prevista de las cosechas y la limitada capacidad económica de las familias para enfrentar una emergencia.

El Gobierno anunció una inversión inicial de 62 millones de lempiras, aportados por la Secretaría de Desarrollo Social, para atender las necesidades de las zonas afectadas.

El plan contempla asistencia alimentaria, abastecimiento de agua potable, apoyo para sistemas de riego, atención sanitaria y respaldo a las actividades agrícolas.

Las primeras entregas comenzaron en comunidades de la zona sur, una de las regiones más golpeadas históricamente por la falta de lluvia y las altas temperaturas.

Sin embargo, las autoridades todavía no han detallado cuánto dinero recibirá cada municipio, cuántas familias serán beneficiadas durante la primera etapa ni cómo se distribuirán los recursos entre alimentos, agua y apoyo productivo.

Una emergencia que exige más que alimentos

La entrega de ayuda humanitaria puede aliviar temporalmente las necesidades de las familias, pero no resuelve las causas estructurales que convierten cada sequía en una emergencia nacional.

Numerosas comunidades continúan dependiendo exclusivamente de las lluvias y carecen de reservorios, sistemas de captación, canales de riego, pozos comunitarios o infraestructura para almacenar agua durante los meses húmedos.

La construcción de sistemas de abastecimiento, el mejoramiento de las redes municipales y la promoción de cultivos resistentes a períodos secos serían medidas fundamentales para reducir futuras pérdidas.

También se necesita ofrecer información climática oportuna a los productores para que puedan decidir cuándo sembrar, qué cultivos utilizar y cómo administrar sus recursos ante una temporada irregular.

Tegucigalpa también enfrenta presión

La sequía no afecta únicamente a las comunidades rurales. El Distrito Central figura entre los municipios bajo Alerta Amarilla, en momentos en que la disponibilidad de agua continúa siendo una preocupación para numerosos barrios y colonias.

La reducción de las lluvias puede limitar la recuperación de las represas, quebradas y fuentes subterráneas que abastecen a la capital.

Un período seco prolongado obligaría a mantener o endurecer los racionamientos, aumentando la dependencia de camiones cisterna y proveedores privados en las zonas con menor cobertura.

Para muchas familias urbanas, la crisis no se manifiesta mediante la pérdida de una cosecha, sino mediante más días sin agua, mayores gastos para almacenarla y dificultades para mantener condiciones básicas de higiene.

Honduras ante una sequía prolongada

La presencia de 75 municipios en Alerta Amarilla demuestra que la falta de lluvias ya no constituye un problema localizado.

Los efectos se extienden desde las parcelas agrícolas hasta los mercados, las fuentes de agua, la ganadería y los hogares urbanos.

Copeco continuará evaluando las condiciones en las zonas afectadas y podría modificar las alertas, incorporar nuevos municipios o ampliar los recursos destinados a la emergencia dependiendo del comportamiento del clima.

El desafío inmediato será evitar que la sequía se convierta en una crisis alimentaria. A largo plazo, Honduras deberá invertir en infraestructura hídrica, agricultura resiliente y sistemas de prevención capaces de proteger a las comunidades antes de que la próxima temporada seca vuelva a dejar los mismos daños

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